viernes, 14 de noviembre de 2008

Lo que veo, o lo que siento...



... No -no estaba rojo-. Era la unión sensual del día con su hora más crepuscular. Era casi de noche y estaba todavía claro. Si por lo menos fuese rojo a la vista como lo era en ella intrínsecamente. Pero era un calor de luz sin color, y fijo. No, la mujer no conseguía traspirar. Estaba seca y límpida. Y allá afuera sólo volaban pájaros de plumas embalsamadas. Si la mujer cerraba los ojos para no ver el calor, pues era un calor visible, sólo entonces venía la alucinación lenta simbolizándolo: veía elefantes enormes aproximarse, elefantes dulces y pesados, de cáscara caliente insoportable; tenían dificultad en cargarse a sí mismos, lo que los hacía lentos y pesados ...


(Clarice Lispector: Aprendizaje o El Libro de los Placeres)

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